Leyendo un periódico francés, me he encontrado con una noticia que me ha llanado la atención. Al parecer, Japón vive estos días una especie de psicosis. La razón es que una especie de raviolis, llamados gyozas, que son importados desde China, parecen estar contaminados por un insecticida. A finales de enero aparecieron los primeros casos de personas intoxicadas, y por el momento hay unas 500 personas contaminadas.
El origen de esta contaminación se desconoce. Algunos investigadores japoneses se desplazaron a la fábrica, en China, para buscar trazas del insecticida, pero no encontraron nada. Las autoridades de la zona se defienden diciendo que los controles de calidad son muy estrictos, ya que China intenta corregir la imagen negativa que suelen tener sus productos, a los que se les acusa de ser de mala calidad, de cara al mercado internacional y a los JJOO de Pekín. Por ejemplo, el año pasado unos cien panameños murieron por tomar un jarabe chino que tenía dietilenglicol. La preocupacion de los japoneses es justificada, ya que importan el 60% de los alimentos que consumen del exterior, de los cuales china es el segundo proveedor.
¿Y por qué cuento esto, a parte del interés intrínseco de la noticia?
Pues porque hace apenas unos días, he comido unos gyozas, que los alumnos chinos de por aquí habían preparado. Eran una especie de raviolis hechos con una pasta fina y si mal no recuerdo con varias verduras en su interior. No me habían gustado demasiado, pero puede ser porque estaban algo fríos. Y ahora que lo pienso llevo malo unos días… Pero yo más bien diría que lo que tengo es un buen catarro.
Y ya que estamos, el dietilenglicol del jarabe también me resulto familiar, porque fue justo el refrigerante que utilicé en un pequeño proyecto que presenté sobre un cristalizador. Casualidades…
El origen de esta contaminación se desconoce. Algunos investigadores japoneses se desplazaron a la fábrica, en China, para buscar trazas del insecticida, pero no encontraron nada. Las autoridades de la zona se defienden diciendo que los controles de calidad son muy estrictos, ya que China intenta corregir la imagen negativa que suelen tener sus productos, a los que se les acusa de ser de mala calidad, de cara al mercado internacional y a los JJOO de Pekín. Por ejemplo, el año pasado unos cien panameños murieron por tomar un jarabe chino que tenía dietilenglicol. La preocupacion de los japoneses es justificada, ya que importan el 60% de los alimentos que consumen del exterior, de los cuales china es el segundo proveedor.
¿Y por qué cuento esto, a parte del interés intrínseco de la noticia?
Pues porque hace apenas unos días, he comido unos gyozas, que los alumnos chinos de por aquí habían preparado. Eran una especie de raviolis hechos con una pasta fina y si mal no recuerdo con varias verduras en su interior. No me habían gustado demasiado, pero puede ser porque estaban algo fríos. Y ahora que lo pienso llevo malo unos días… Pero yo más bien diría que lo que tengo es un buen catarro.
Y ya que estamos, el dietilenglicol del jarabe también me resulto familiar, porque fue justo el refrigerante que utilicé en un pequeño proyecto que presenté sobre un cristalizador. Casualidades…


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