Y luego estaba el catarrazo que tenía. Menos mal que española #3, muy maja ella, se acercó hasta mi habitación y me preparó un buen requemado que me vino como mano de Santo. La combinación del "preparado", un par de pastillas y cebolla (que puede parecer un poco rústico pero funciona muy bien) acabó por desterrar prácticamente la tos y mi dependencia del papel higiénico rosa que usaba como pañuelo.
Llevaba el examen peor de lo que creía, así que tuve que hacer una noche intensiva, con lo que dormí dos horas y media, a lo que hay que sumar las tres horas que dormí ayer -a veces sufro episodios de insomnio-. Y cuando duermo poco y estoy cansado, no me entran ganas de dormir, sino una especie de euforia chunga, como si estuviera drogado o algo, disperso y con un ratio de tonterías por conversación bastante más alto de lo normal. Pero bueno, ha merecido la pena porque el examen salió bien.
Lo que lamento un poco es que francés interesante y los de su curso se han marchado de prácticas un mes, así que de soirées et des apéros, nada de nada.
De todas formas no voy a tener tampoco mucho tiempo para aburrirme, ya que mañana voy para España, a pasar unos días a casa. No es que me haga mucha ilusión, ya que a pesar de estar "al lado", echo todo el día para ir, y la vuelta, aunque es en avión, me obliga a pasar todo el día en Madrid para hacer la conexión. Además en teoría iba a ir a hacer exámenes y dada la coyuntura actual al final no voy a hacer ninguno, pero por lo menos unas cañitas con los colegas no me las quita nadie, jejeje.


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