Finalmente dimos la última pedalada y pusimos punto final a nuestra aventura. Desde el domingo vuelvo a estar en tierras españolas, pero desde luego queda una experiencia inolvidable.Es yendo en bicicleta que usted conoce los contornos de un país mejor, ya que tiene que sudar las colinas cuando las sube y luego descolgarse de ellas a toda velocidad. Por lo tanto, las recuerda como en realidad son, mientras que en un automóvil solamente una colina extremadamente empinada lo impresiona, y usted no tiene ningún recuerdo exacto del paisaje a través del que ha conducido.-Ernest Hemingway
El viaje fue fantástico. Como ya comenté, me marché el día 8 de julio por la noche, para llegar a Toulouse el 9. En la estación me esperaba Anne, mi compañera de viaje. Nos pusimos a montar las bicis en la estación, un poco en plan lego, porque el portaequipajes no se adaptaba bien a la bici y una parte lo atamos con una cuerda. Ella llevaba un remolque para bicis y yo dos alforjas atrás y una en el manillar, y nos repartimos el peso de tal forma que yo llevaba las pesadas y ella lo voluminoso como los sacos de dormir y las esterillas. El primer día lo pasamos en Toulouse, tranquilamente, en casa de unos amigos de la facultad de Albi, con parrilla nocturna de salchichas un tanto más tostadas de lo habitual. La aventura comenzaría al día siguiente. Era la primera etapa y no sabía muy bien como iba a pasar, no estaba acostumbrado y estaba algo inquieto ante la posibilidad de acabar demasiado cansado. Además hacía mucho calor. Nos levantamos temprano y nos pusimos rumbo hacia Albi, que por las carreteras secundarias son unos 100 km. Y avanzando avanzando no resulto ser tan duro, y llegué bastante bien. Anne no podía decir lo mismo, ella el primer día lo llevó muy mal y acabó realmente agotada, aparte de tener unas quemaduras por el sol tremendas. En Albi fuimos a mi antigua residencia primero, donde nos acogieron los amigos que hice allí estupendamente, con pancartas y todo. Me llevé una mini-desilusión porque francés interesante se había ido a Bordeaux a buscar trabajo para sacar unas pelas para el verano, pero nos recibieron muy bien. Yo me hubiera quedado con ellos, pero Anne había previsto quedarse en casa de otros amigos suyos, para mi desilusión (no habíamos hablado antes de donde nos ibamos a quedar), que también eran super majos. Al día siguiente nos levantamos temprano y fuimos avanzando. Remontamos el río Tarn hasta que no era más que un arroyo que se perdía en una montaña, pasando por pueblos instalados en las paredes escarpadas del valle. Uno de los días nos llovió bastante, con lo que la ropa que lavamos -a mano- al día siguiente tuvimos que ponerla mojada, ya que no había manera de que secara. De todas formas una vez que monas en la bici entras en calor bastante rápido. Para dormir nos quedábamos en campings y para comer teníamos un camping gas. Nos alimentábamos básicamente de cous-cous, puré, sopas, raviolis, queso, fruta y embutido, salvo cuando conocíamos a alguien por la zona para quedarnos, que comíamos más decentemente. Así llegamos hasta casi la fuente del río Tarn, donde no era más que un arroyo que se perdía montaña arriba...
(continuará)
Por cierto, mientras tanto voy colgando algunas fotos en la otra página por si alguien está interesado.


2 comentarios:
que envidia..aunque yo en bici aguanto poco, y con peso, menos :-P
además de empezar con ese texto de Hemingway..ya prepara para lo que luego será el texto!!
me alegro que disfrutaras del viaje, espero más resumen!
un beso
¡¡Tíooo!!Qué fotos más bonitas,vaya experiencia =)
Espero que el resto del viaje fuera así de bien.
Bienvenido a España,un beso
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