Debía tener yo 13 ó 14 años. No había sido la primera vez que lo veía, pero sin embargo es la que recuerdo. Yo salía de una sala de recreativos de jugar al futbolín con unos amigos y él entraba en ese momento. Cabello castaño, largo. Ojos marrones, apenas más bajo que yo, delgado y jugador de fútbol. Fijé mi vista en él disimuladamente para intentar cruzar mi mirada con la suya. Al notar que le miraba -discreto no sería la palabra más adecuada para describirme en aquel momento- me observó durante unos instantes, sin detenerse, y siguió su camino.
Pasaron unas semanas y empezó el siguiente curso. Pero para mí había una sorpresa. Ese mismo chico se había cambiado a mi instituto, junto con un par de amigos suyos. No estaba en mi clase -había 3 grupos por curso-, pero sin embargo tenía un buen amigo que si iba con ellos. Aquellos tres chicos eran buenos amigos y pasaban casi todo el rato juntos, por lo que a pesar de que en algún descanso me acercaba a aquella clase para hablar con el que conocía yo, no llegaba a cruzar palabra con ellos. Tampoco se me ocurría una buena manera de iniciar una conversación. Mi mayor acercamiento había sido participar en una “pelea” de bolas de papel.
Y otro curso pasó. En el siguiente, había que escoger ya una serie de asignaturas, en función del camino que quisiéramos seguir. Y un nuevo golpe de suerte: ese año iría a mi clase. Me sentaba justo detrás de él. Sin embargo él era un chico más bien tímido. O quizá me veía un poco raro, o le daba mucho la tabarra. Así que al principio se mantuvo un poco distante. Sin embargo, como para volver a casa él y sus amigos iban por el mismo camino que yo, me acabé haciendo muy amigo de uno de ellos. Eso contribuyó a que me acercase un poco a él. E incluso llegar a quedar con ellos (y con algunos más que fui conociendo a partir de ellos, aunque de eso hablaré más adelante) para ir a jugar al billar o algún partido.
El curso siguiente ya íbamos todos juntos a clase y yo me sentaba al lado de él. Quedábamos a menudo, salíamos todos juntos... Pero ese verano había pasado algo. Él había conocido a una chica. No solo eso, estaba saliendo con ella. Yo por aquel entonces soñaba a menudo con él. En cierta ocasión, en la piscina, le estaba observando y una sensación interior me quebró. Parecía que mi corazón perdía fuerza, que se escurría por mi interior, deslizándose hacia la cadera. Como si alguien lo apretara. Supe que estaba enamorado. No era atracción física -el chaval en el fondo no era nada del otro mundo, en cuanto a lo corporal-, pero yo perdía el culo por él. Ni que decir que sentía celos de la novia. Pasó el tiempo, y más tarde, preguntándole, supe que lo había dejado, pero que estaba medio con otra. Al final pasó ese curso y el siguiente, que era ya el último antes de ir a la universidad, ya no iba a mi clase. Poco a poco me resigné y todo se quedó en una buena amistad, que lentamente se fue diluyendo, ya que al estudiar carreras diferentes apenas coincidíamos. Ahora nos vemos de pascuas a ramos, y aunque siempre decimos que hay que quedar para tomar algo nunca lo hacemos.
Facultad. Primer día. Un chico rubio, de pelo largo (más adelante se lo cortaría, y le quedaba bastante mejor corto), muy delgado y un poco basto. Era un skater y se sentaba en la última fila, hablando muy alto siempre. Un “notas”. Lo había visto ya por el barrio, pero eramos -o yo pensaba que eramos- tan diferentes que tampoco tuve nunca una relación estrecha con él. Pero al cabo de año y medio o dos, en una clase coincidió que nos sentamos juntos. Y aunque seguía siendo bastante basto, hicimos amistad. Al contrario que el primer chico, este era mucho más extrovertido, aunque no llegara nunca a quedar con él fuera de la universidad, y hacíamos prácticas y trabajos juntos. De vez en cuando se echaba alguna novia, por lo que nunca tuve verdaderas esperanzas con él. Y para colmo, coincidió con una época que por alguna razón -me dieron mucho mucho la tabarra y acabé cediendo- yo también tuve una novia, cosas de la vida. Llegué a estar muy pillado por él, pero un día, en una clase, se explotó una espinilla que tenía en un brazo, y ahí de repente me di cuenta de que se me había pasado la tontería. Hoy por hoy lo veo de vez en cuando y somos amigos.
Volvamos ahora al primer chico. Había dicho que había conocido a algunos de sus amigos. Con algunos hice más amistad que con otros. Quedábamos para algún partidillo, para ir al cine y cosas así, lo típico de una pandilla de amigos. Como es normal, tenía mayor afinidad con unos que con otros. Sin embargo hubo una temporada en la que no salía más que para tomar alguna cervecilla de vez en cuando, ya que algunos de ellos se metían en la discoteca pija de turno para ligar con alguna chavala. A mí, la idea de meterme en una discoteca llena de gente en la que había que pagar para entrar a tomar copas un fin de semana si y otro también no me parecía demasiado atractiva. Pero llegó un momento en el que uno de mis mejores amigos de por aquel entonces se echó novia, provocando una súbita y profunda contracción de su tiempo libre. Así que, poco a poco fui quedando también con los primeros, intentando sabotear todos los intentos de ir a aquella discoteca pija. Y lo conseguí, pero en vez de esa discoteca ibamos a otras. La única diferencia es que ibamos cambiando de una a otra por temporadas. Con el tiempo me fui haciendo muy amigo de uno de ellos. Yo, en cierto modo le tenía envidia, porque era el típico que podía ligarse prácticamente a cualquier chica, guapo, moreno, alto y delgado. Pero más que envidia eran celos. Me estaba enchochando con él. Hicimos algunos cursos de libre configuración juntos y más tarde nos fuimos de viaje solos. Un viaje en el que él acabaría ligando con una chica, para variar. Pero yo ya estaba perdido, me estaba volviendo loco por él. Sin embargo tenía claro que él era hetero. Llegué a plantearme incluso intentar que dejasen de interesarme los tíos (no os preocupéis, semejante estupidez y traición a mí mismo duró menos de una tarde). E incluso me enrollé con alguna tía de rebote, por hacerle la cobertura para que pudiera liarse con alguna de las amigas. Volví a sentir aquella sensación de que el corazón perdía fuerza en mi interior, de enamoramiento. Sensación que duró muchos meses. Hicimos algún otro viaje juntos, pero al final, con cierto dolor, me di cuenta de que no tenía nada que hacer. Más tarde le hice varias insinuaciones de que yo era gay. Prácticamente se lo dije dos veces, y pensándolo yo creo que se dio perfecta cuenta de que lo era. Sin embargo él actuaba como si nada. Le interesaba más que saliera con él al menos como compañía hasta que hubiera alguna que le hiciera caso. Cuando acabó de disiparse la fijación que tenía por él, me di cuenta de que yo le tenía mucha más estima a él de la que él me tenía hacia mí.
Y mi vida siguió su curso. Vaya que si lo siguió...
PD: Por cierto Potro, no se puede comentar en tu blog :S.
Buffet libre de hombres.
Hace 4 años




7 comentarios:
Uff, creo que si algo tenemos en común los que vamos por este lado de la acera son historias de ese tipo. Yo conté con cierto detalle las que, de cuantas ha habido en mi vida, me parece que han sido las más importantes y que, de alguna manera, más me han marcado, pero tengo bastantes más realmente insulsas, de hecho, creo que cada día pierdo "un poco" la cabeza unas diez con algún chico que me llame la atención en el metro, el autobús, en la calle, haciendo deporte por el parque... pero bueno, supongo que eso tmbién nos pasa a todos.
¡Cómo me ha gustado la canción!
Uf, cuantas historias se quedan en el pasado y cuando han sufrido los corazones, no solo por el amor que se va, sino porque no lo puedes compartir, no puedes gritarselo al mundo y te sientes más y más dolorido, más y más hundido. Y el corazón no sabe que la sociedad no te quiere, no te acepta. Te fijas en el chico de clase, con el que te juntas en el tren, con el que pasas una tarde... tantas veces
La canción una pasada.. jajaj, me gusta...
Un beso
Todos hemos pasado alguna vez por ese trance ya seamos gays, heteros o bisexuales. De todas formas no sé si por simple suerte o un innato pragmatismo por mi parte casi siempre he acabado (aunque fuera un simple rollo) con el chico en el que me he fijado.
Besos.
ayyys, amores imposibles...creo q todos hemos tenido alguno y bueno...las cosas son así...es bonito recordar :D
Bueno, historias así miles y por un tubo. Pero de todo se aprende.
Los amores son extraños...a veces imposibles y a veces no correspondidos...En cualquier caso..estamos todos en el mismo barco de buscar a alguien....Besos y feliz lunes
Hola!!
Pues es q me he tomado unas largas vacaciones blogueriles y solo actualizo en FB y el Frek Like Us, pero lo mismo me da por volver!!
Me alegro mucho de tus prácticas, aunq no te lo haya comentado antes, pero es q las vacaciones son muy malas y estaba de flojo total
Y lo de los tíos, pues sí, al final acabamos pillados del q menos conviene pero siempre aparece algo q nos interesa más y nos devuelve a la realidad
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